17 de agosto | Paso a la inmortalidad del General José de San Martín
En un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín, desde la Red de Jueces Penales de la Provincia de Buenos Aires rendimos homenaje a quien ocupa un lugar insoslayable en nuestra historia, no solamente por la dimensión extraordinaria de su empresa libertadora, sino también por la profundidad de los valores que orientaron su vida pública.
San Martín hizo de la libertad y de la independencia algo mucho más profundo que una proclama. Las convirtió en una causa a la que subordinó sus intereses personales, su bienestar y, muchas veces, su propia tranquilidad. Su vida estuvo signada por el servicio, por la perseverancia frente a dificultades que parecían insuperables y por la convicción de que ninguna adversidad podía justificar el abandono de aquello que consideraba justo.
Su grandeza no residió únicamente en la audacia de sus decisiones militares ni en la magnitud de la gesta emancipadora que encabezó. Estuvo también en su capacidad para atravesar la incertidumbre, la escasez de recursos, las incomprensiones y las profundas divisiones políticas de su tiempo sin perder de vista aquello que había colocado por encima de sí mismo: la libertad de los pueblos.
Frente a las adversidades, perseveró. Frente al riesgo, tuvo coraje. Frente al poder, conservó austeridad y frente a las posibilidades de convertir el prestigio adquirido en beneficio personal, eligió una y otra vez el camino de la integridad, la honestidad y la modestia.
Hay en esa conducta una enseñanza que permanece extraordinariamente vigente, puesto que San Martín comprendió que el ejercicio de una responsabilidad pública solo adquiere verdadera dignidad cuando está orientado al servicio de los demás y no a la satisfacción de quien circunstancialmente ejerce el poder. Su autoridad no encontró fundamento en la ostentación sino en el ejemplo; su liderazgo no necesitó del privilegio personal; y su compromiso con una causa colectiva fue capaz de sobrevivir incluso a los desencuentros políticos y a las decepciones que acompañaron buena parte de sus últimos años.
Desde la función judicial, aquella enseñanza adquiere una resonancia particular ya que también la magistratura encuentra su razón de ser en el servicio a la comunidad. La autoridad que la Constitución confiere a quienes juzgan no constituye un reconocimiento personal ni una prerrogativa destinada a quien ocupa circunstancialmente un cargo. Es una responsabilidad institucional que exige independencia, prudencia, templanza, valentía e integridad.
La independencia judicial requiere, muchas veces, la misma disposición moral para resistir presiones, soportar incomprensiones y mantenerse fiel a los principios aun cuando hacerlo resulte incómodo o impopular. Exige ejercer el poder sin apropiárselo; decidir sin buscar aprobación; actuar con firmeza sin abandonar la mesura; y comprender que la legitimidad de la función no depende de la notoriedad de quien la desempeña, sino de la rectitud con la que se la ejerce.
La honestidad y la modestia adquieren, en ese contexto, una significación esencial. Quien ejerce una función pública debe recordar permanentemente que las instituciones son siempre más importantes que las personas que circunstancialmente las integran y que toda autoridad encuentra un límite infranqueable en los derechos y en la dignidad de aquellos a quienes debe servir.
Son precisamente valores de esta naturaleza los que inspiran el compromiso institucional de nuestra Asociación.
El Estatuto de la Red de Jueces Penales de la Provincia de Buenos Aires establece entre sus objetivos contribuir al mejor funcionamiento de la administración de justicia penal conforme a los principios fundamentales del Estado democrático de derecho, promover la formación permanente de la magistratura y asegurar el respeto de los derechos y garantías de todas las personas involucradas en el sistema penal.
Y coloca especialmente entre sus propósitos la defensa de una judicatura independiente e imparcial, capaz de preservarse frente a indebidas intromisiones, interferencias y presiones provenientes tanto de poderes formales como informales.
Es allí donde la evocación de San Martín trasciende la efeméride.
Su legado nos recuerda que no existe verdadera independencia sin integridad; que no hay autoridad legítima sin vocación de servicio; que la valentía no consiste en la ausencia de obstáculos, sino en la decisión de atravesarlos sin abandonar los principios; y que ninguna responsabilidad pública puede ejercerse dignamente si el interés personal ocupa el lugar que corresponde al bien común.
A más de dos siglos de aquellas luchas por nuestra emancipación, su ejemplo continúa interpelándonos. La libertad que San Martín contribuyó decisivamente a conquistar debe ser defendida cada día mediante instituciones republicanas sólidas, servidores públicos honestos y una Justicia capaz de ejercer su función con independencia, imparcialidad y profundo respeto por la dignidad humana.
En este nuevo aniversario de su paso a la inmortalidad, desde la Red de Jueces Penales de la Provincia de Buenos Aires recordamos al Padre de la Patria con gratitud y respeto, pero también con la convicción de que el mejor homenaje posible consiste en mantener vivos, en nuestro propio ámbito de responsabilidad, aquellos valores que hicieron extraordinaria su trayectoria.
Libertad, servicio, coraje, integridad, honestidad y modestia.
Valores que pertenecen a nuestra historia y que continúan señalándonos, todavía hoy, el camino que debe recorrer toda institución verdaderamente comprometida con la República.
